Por Omar Ríos – noviembre 2025

En su más reciente encuesta, Citigroup México reveló que las expectativas inflacionarias han comenzado a ceder ligeramente, lo que indica una posible inflexión en la trayectoria de los precios. Sin embargo, la preocupación no desaparece: la inflación subyacente (o núcleo), que excluye productos volátiles como energía y alimentos, se mantiene en niveles elevados.

Esto representa un dilema para los tomadores de decisiones: aunque el pico inflacionario parece haber pasado, la persistencia de precios altos en servicios, vivienda, educación y salud mantiene bajo presión el poder adquisitivo de las familias y complica la política monetaria del país.


Mi hipótesis:

La baja de expectativas inflacionarias es una señal positiva, pero insuficiente. Mientras la inflación núcleo se mantenga elevada, el Banco de México no podrá bajar tasas con fuerza, y la economía seguirá atrapada entre la desaceleración del consumo y el alto costo del dinero.


¿Qué muestran los datos de Citigroup?

La encuesta, publicada el 5 de noviembre de 2025, ofrece una radiografía clave de lo que piensan analistas, bancos y economistas institucionales:

  • Inflación general esperada para cierre de 2025: 4.3 %, una ligera mejora respecto al mes anterior.
  • Inflación subyacente esperada: 4.9 %, aún por encima del objetivo del Banco de México (3 % ± 1 punto porcentual).
  • Las expectativas para 2026 bajan marginalmente, pero no reflejan una convergencia clara al objetivo.
  • Se proyecta que Banxico mantendrá su tasa de referencia en niveles elevados (actualmente en 10.75 %) al menos hasta el primer semestre de 2026.

¿Por qué sigue alta la inflación subyacente?

Aunque los precios de alimentos y energía se han moderado, los servicios y precios administrados por el gobierno continúan presionando al alza.

Factores clave:

  1. Indexación de precios a la inflación pasada: rentas, colegiaturas y servicios suelen ajustar al alza de forma retardada.
  2. Costos laborales y presiones salariales: aunque necesarias, están generando aumentos persistentes en servicios personales.
  3. Falta de competencia en sectores clave: telecomunicaciones, transporte y salud aún presentan rigideces estructurales.

En resumen: la inflación visible baja, pero la estructural se mantiene resistente.


Implicaciones para la política monetaria

El Banco de México enfrenta una paradoja:

  • Si baja la tasa de interés muy pronto, podría reactivar la inflación.
  • Si la mantiene alta mucho tiempo, frena el consumo, desalienta el crédito y desacelera el crecimiento.

Además, el entorno externo sigue siendo volátil:

  • La Reserva Federal en EE.UU. mantiene tasas altas.
  • El conflicto en Medio Oriente genera incertidumbre energética.
  • Las economías desarrolladas están en riesgo de recesión leve.

Por tanto, Banxico tiene poco espacio para actuar con audacia. Su estrategia será gradual, con ajustes de 25 puntos base en el mejor de los casos hacia mediados de 2026.


¿Qué debe vigilar el ciudadano y el inversionista?

  • Inflación núcleo, más que la general.
  • Tasas reales (tasa nominal – inflación esperada), que determinan el incentivo a invertir o consumir.
  • Comportamiento del tipo de cambio, como termómetro de confianza externa.
  • Señales de Banxico, que suelen ser más conservadoras que la Fed.

Conclusión

La inflación en México está bajando, pero no lo suficiente como para cantar victoria. La resiliencia de los precios subyacentes evidencia un problema más profundo: estructuras rígidas, falta de competencia y rezagos en productividad.

Mi hipótesis se confirma:
sin resolver los factores estructurales que alimentan la inflación núcleo, México seguirá atrapado en una política monetaria defensiva, sacrificando crecimiento por estabilidad.