julio 10, 2025 / Omar Ríos
La gentrificación ya no es solo un fenómeno urbano: es un conflicto político. En las últimas semanas, la Ciudad de México fue escenario de protestas que, lejos de limitarse a la cuestión habitacional, sacaron a relucir tensiones profundas sobre quién tiene derecho a habitar la ciudad y bajo qué condiciones. La batalla ya no es solo por el espacio físico, sino por el modelo de ciudad que queremos construir.
El desplazamiento tiene rostro: clase y nacionalidad
Desde hace años, colonias como Roma, Condesa y Juárez se han convertido en epicentro de una transformación marcada por el turismo de lujo, la economía digital y la llegada masiva de nómadas internacionales, principalmente estadounidenses. Atraídos por la conectividad, la gastronomía y el bajo costo relativo, su presencia ha provocado una explosión en los precios de renta.
Según cifras del Proyecto de Ordenamiento Territorial CDMX, más de 20 mil hogares de bajos ingresos son desplazados anualmente de zonas céntricas. La vivienda dejó de ser un derecho para convertirse en mercancía al mejor postor.
Airbnb, nómadas digitales y el nuevo “colonialismo urbano”
La proliferación de plataformas como Airbnb aceleró la descomposición del tejido barrial. Departamentos antes destinados a renta permanente se convierten en estancias de corto plazo. Las tiendas de barrio desaparecen, reemplazadas por cafeterías de especialidad, coworkings y boutiques. El habitante original es expulsado física y culturalmente.
Lo preocupante no es solo el fenómeno, sino su legitimación política. La falta de regulación efectiva, las reformas detenidas en tribunales y la débil fiscalización de arrendadores han permitido que la gentrificación opere sin contrapesos reales.
Protestas recientes: ¿manifestaciones o estallido social?
Del 4 al 8 de julio, manifestaciones en Roma, Condesa y el Centro Histórico mostraron un nuevo tono. Las pancartas con mensajes como “gringo go home” o “Airbnb = despojo” pusieron el foco en la dimensión internacional del conflicto. En algunos casos hubo vandalismo y confrontación con turistas, lo que desató reacciones mediáticas en Estados Unidos.
¿Xenofobia o desesperación? La línea es delgada, pero el fondo es claro: una ciudad donde los propios ciudadanos no pueden vivir es una ciudad inviable.
Morena y el dilema del desarrollo
El Gobierno de la Ciudad de México, bajo el sello de Morena, enfrenta una disyuntiva incómoda. Por un lado, ha impulsado los llamados “Diálogos contra la Gentrificación” en las 16 alcaldías, abriendo espacios de consulta con académicos y vecinos. Pero por otro, las acciones concretas —como control de rentas, impuestos turísticos o regulación estricta de plataformas— brillan por su ausencia o están entrampadas judicialmente.
Claudia Sheinbaum condenó los actos de violencia, pero evitó profundizar en la raíz del problema. El riesgo: que el discurso progresista se desfonde frente al pragmatismo económico.
Ciudad en disputa
Lo que estamos viendo es una lucha por el modelo de ciudad. La gentrificación es solo el síntoma de una lógica más profunda: convertir el espacio urbano en objeto de especulación financiera. Y en ese proceso, las decisiones no son técnicas, son políticas.
La ciudadanía ha comenzado a responder. Pero sin una postura firme del Estado, que priorice el derecho a la vivienda por encima del mercado, el futuro será una ciudad fragmentada, privatizada y profundamente desigual.
¿Es posible una ciudad para todos en un mundo gobernado por el capital global? ¿Qué políticas deben tomarse antes de que sea demasiado tarde? Déjame tu comentario y sigamos conversando.
