Por Omar Ríos – noviembre 2025
A finales de octubre, el INEGI y analistas de Reuters confirmaron lo que muchos ya anticipaban: la economía mexicana registró una contracción durante el tercer trimestre de 2025. Esta desaceleración estuvo encabezada por una caída en la actividad industrial y manufacturera, sectores que tradicionalmente han sido motores del crecimiento nacional.
Aunque no se trata aún de una recesión técnica, sí refleja una fragilidad estructural en la economía mexicana que contrasta con el optimismo que rodeaba al fenómeno del nearshoring.
Mi hipótesis:
La contracción económica del tercer trimestre no es un bache coyuntural, sino un síntoma de fondo: México depende excesivamente de factores externos para crecer y no ha fortalecido sus motores internos de inversión, innovación y consumo productivo.
¿Qué dicen los datos?
De acuerdo con el reporte preliminar del INEGI (octubre 2025):
- La economía se contrajo un 0.3 % respecto al trimestre anterior.
- La producción industrial cayó 1.1 %, con especial debilidad en el sector manufacturero (-1.5 %).
- El sector servicios se mantuvo relativamente estable, pero sin compensar la caída en la industria.
- Esta es la primera contracción trimestral desde la recuperación post-COVID.
El panorama contradice las expectativas de crecimiento moderado sostenido que se proyectaban a principios de año. Y lo más preocupante es que la debilidad no proviene del exterior, sino de dentro del país.
¿Qué está fallando?
1. El impulso del nearshoring no se ha traducido en producción real
Aunque hay anuncios y compromisos de inversión, muchas plantas aún están en construcción o en fase de planeación. La cadena de valor aún no ha sido transferida ni escalada.
2. Inversión pública y privada sigue rezagada
El gasto público ha sido focalizado, pero no expansivo. Y el sector privado, aunque optimista en discurso, se mantiene cauteloso ante temas como la inseguridad, la incertidumbre regulatoria y el cambio en reglas energéticas.
3. El consumo interno pierde fuerza
Con inflación acumulada, salarios estancados y acceso al crédito limitado, el consumo doméstico ha dejado de ser el motor contracíclico de la economía.
4. Política industrial ausente o fragmentada
A pesar de los esfuerzos aislados en sectores estratégicos, México aún no tiene una política industrial clara que articule infraestructura, talento, tecnología e incentivos.
¿Qué implica esta contracción?
- Aumenta la presión sobre Banxico, que debe decidir si mantiene su política monetaria restrictiva para controlar la inflación o si flexibiliza para estimular la economía.
- Podría afectar la confianza de inversionistas internacionales, especialmente si se interpreta como señal de estancamiento estructural.
- Reabre el debate sobre el modelo económico mexicano, demasiado orientado al exterior y sin estrategia clara de desarrollo interno.
Esta coyuntura plantea un llamado urgente a revisar el modelo de crecimiento nacional, que depende del buen comportamiento de EE.UU., de la estabilidad cambiaria y del atractivo de corto plazo para capital externo.
Conclusión
La contracción económica del tercer trimestre de 2025 no es un accidente. Es una advertencia. México no puede depender indefinidamente de fuerzas externas para crecer. Necesita construir su propio músculo económico: con innovación, inversión estratégica, fortalecimiento del mercado interno y visión industrial de largo plazo.
Mi hipótesis se confirma:
sin motores internos sólidos, el país seguirá vulnerable ante los vaivenes externos, por más oportunidades de relocalización que existan. El nearshoring no salvará a México si México no se salva a sí mismo.

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