Por Omar Ríos – noviembre 2025

El 7 y 8 de octubre de 2025, la Ciudad de México fue sede de un evento con implicaciones estratégicas profundas: el Country Strategy Meeting on Mexico, organizado por el Foro Económico Mundial y el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Este encuentro, que reunió a líderes del sector público y privado, abordó el papel de México en la economía global, su potencial para liderar cadenas de valor en expansión y su estrategia nacional de desarrollo.

Lejos de ser una cumbre más de buenas intenciones, esta reunión marca el intento más serio de México por insertarse de manera proactiva en la reconfiguración geoeconómica global postpandemia.


Mi hipótesis:

México tiene la oportunidad de dejar de ser un simple engrane de manufactura dentro del T-MEC y convertirse en el ancla estratégica de una arquitectura regional de valor agregado, innovación tecnológica e integración latinoamericana. Pero para lograrlo, necesita romper su dependencia estructural de Estados Unidos y diversificar su visión geoeconómica.


Nearshoring: oportunidad o trampa dorada

México está en una posición geográfica privilegiada: conecta dos océanos, pertenece al G20, tiene acceso directo a Estados Unidos y cuenta con tratados de libre comercio con más de 40 países. Este posicionamiento lo convierte en el principal beneficiario de la ola de nearshoring impulsada por las tensiones China–EE.UU.

Sin embargo, el verdadero dilema es si este fenómeno fortalecerá la autonomía económica de México o simplemente profundizará su rol como “ensamblador maquilero” en cadenas controladas por corporaciones extranjeras.

Durante el foro, se discutió cómo aprovechar esta tendencia para atraer inversión de alto valor, fortalecer la infraestructura logística, e impulsar sectores como energía limpia, tecnologías digitales y servicios profesionales.


La visión de Sheinbaum: Plan México y crecimiento sostenible

Uno de los puntos centrales fue la presentación de avances del “Plan México”, la hoja de ruta económica del actual gobierno. Este plan busca:

  • Atraer inversión productiva con alto contenido tecnológico.
  • Impulsar el desarrollo regional y reducir desigualdades.
  • Fortalecer sectores como energías renovables, digitalización e infraestructura.
  • Elevar la productividad con enfoque social y ambiental.

El desafío es doble: compatibilizar esta visión con las exigencias del T-MEC y, al mismo tiempo, construir una política industrial que no sea vista como proteccionismo por sus socios comerciales.


¿Y el resto de América Latina?

Lo que no se dijo de forma explícita, pero flota en el trasfondo del evento, es el rol de México como posible catalizador de una nueva integración regional latinoamericana. En un momento donde Brasil mira hacia los BRICS y Argentina lidia con su crisis económica, México tiene la capacidad —y el vacío— para convertirse en articulador entre el norte desarrollado y el sur en desarrollo.

Para ello, debería:

  • Liderar iniciativas de infraestructura logística regional.
  • Promover cadenas de valor continentales en energía, salud y alimentos.
  • Impulsar mecanismos financieros regionales que reduzcan la dependencia del dólar.
  • Posicionarse como mediador geopolítico entre EE.UU., China y América Latina.

Conclusión

El Country Strategy Meeting on Mexico es más que una cumbre de relaciones públicas. Es una señal clara de que México ha captado la atención de los grandes centros de poder económico global. La pregunta es si sabrá capitalizar este momento o si volverá a caer en la trampa de la dependencia exportadora, baja productividad y desequilibrios estructurales.

Mi hipótesis se refuerza:
México está en condiciones de liderar un nuevo modelo de desarrollo regional —más autónomo, diversificado y sostenible— pero eso exige una visión de largo plazo que vaya más allá del T-MEC y reconecte al país con América Latina, no solo con Norteamérica.